LO QUE LA MIRADA SUGIERE
Ese momento en que alguien se detiene, se apoya la mano en la cara y deja que el mundo siga girando alrededor. La vida no siempre es acción, a veces es pausa, observación, un pequeño refugio dentro del ruido.
La vida, para ella, no está en la mesa donde se sienta. Está en ese lugar al que mira sin mirar, donde alguien —quizá lejano, quizá imposible— le enciende el pecho con una mezcla de nostalgia y deseo.
No piensa en quien la acompaña, piensa en quien la acompaña por dentro.
Y en esa grieta, en ese hueco secreto, la vida se vuelve verdad, esa que no se grita , que no se exhibe, pero que hace feliz a quien la siente.
Porque vivir, para ella, es recordar lo que la tocó de verdad y seguir deseando lo que aún no ha llegado.
La vida, para ella, ocurre en dos planos, el que comparte con quien está a su lado, y ese otro que se abre cuando su mirada se empaña pensando en alguien que no está.
No es desdén, no es distancia, es la forma que tiene su corazón de recordar que también existe un deseo más lejos, una nostalgia que la acompaña como una sombra tibia.
Y aun así, en esa doble presencia, hay un hilo de esperanza, la certeza de que lo que busca —lo que la enciende— todavía puede llegar.
Porque ella vive así, entre lo que tiene y lo que sueña, sin negar a nadie, pero sin renunciar a lo que la hace vibrar.
Fotografia de Slim Aarons (7)
En su propia soledad
Sentada en la acera, cierra sus ojos y el mundo se queda fuera. No hay voces, no hay nombres, no hay historias reclamando espacio.
Solo ella, su cuerpo relajado, y ese silencio de compañía.
La mente empieza a caminar despacio, como quien recorre un lugar conocido y vuelve a tocar las paredes con la yema de los dedos. No piensa en nadie. No espera nada.
No recuerda para dolerse, ni imagina para desear.
Es una sesión íntima con su propia vida, un paseo por sus neuronas, por los rincones donde guarda lo que la sostiene, lo que la calma, lo que la hace ser ella sin esfuerzo.
En esa quietud, la vida se vuelve clara, como si la luz se ordenara dentro de su pecho. Y entiende algo sencillo, casi secreto que esta soledad no es vacío, es hogar.
Aquí, en este instante sin pretensiones, ella vive. ella es feliz con su yo más intimo, el más personal, el que pocos conocen, el más real.
Mas proyectos de Ginebra en Serendipia.
Con estas dos entradas, del Proyecto de Ginebra me despido no queria dejarlas pasar, un besote y abrazo y hasta la vuelta ... Sed felices !!

Sabes d3scribir los sentimientos. Un beso
ResponderEliminar