RELATOS DE LOS JUEVES....A ESCRIBIR
TRES VENTANAS UNA VIDA
Volvió a la casa de montaña después de tantos años, como quien regresa a un lugar que nunca terminó de irse del todo.
Al entrar, encontró la libreta abierta junto a la ventana, con el lápiz cruzado sobre la página, igual que aquella tarde en la que escribió sus primeros sueños. Tocó el borde del cuaderno y sintió cómo el pasado le subía por los dedos.
Las promesas que creyó firmes, la ilusión que entonces parecía inagotable, la vida que imaginó desde ese mismo paisaje que ahora la miraba con otra luz.
Siguió caminando y llegó a la cocina. Allí la esperaba el presente, con su silencio espeso. La botella vacía sobre la encimera tenía un brillo amargo, como si guardara dentro todo lo que se agotó sin que ella lo viera venir. La naranja intacta, a su lado, parecía una pregunta que nunca se atrevió a responder. Ese espacio, que antes fue refugio, ahora era un recordatorio de lo que se dejó enfriar, de lo que no se dijo a tiempo, de lo que se rompió sin hacer ruido. Se apoyó en la mesa y respiró hondo, aceptando que hay cosas que ya no se pueden desandar.
Pero al avanzar hacia la otra habitación, algo distinto la detuvo. Sobre una cesta, junto a la tercera ventana, descansaba un ovillo rojo. No recordaba haberlo dejado allí. El color vibraba como una pequeña llama, inesperada y viva. Lo tomó entre las manos y sintió un impulso nuevo, suave pero firme, como si ese hilo guardara la posibilidad de recomenzar. No era un recuerdo, era una invitación.
Se sentó frente a esa última ventana, la única que nunca había mirado con atención. Afuera, las montañas seguían en su sitio, pero ella ya no era la misma que escribió en la libreta ni la que dejó vaciarse la botella. Con el ovillo en el regazo, entendió que aún quedaba algo por tejer, una historia distinta, una versión de sí misma que todavía no había probado.
Y mientras el sol bajaba detrás de los picos, dejó caer un extremo del hilo hacia el suelo, como quien abre una puerta sin saber qué vendrá después.
Porque algunas ventanas no se cierran, simplemente esperan.