Pinchar en la imagen os llevará a convocatoria, muchas gracias.
Así nos anima nuestra anfitriona TRACY a este nuevo jueves; vamos a ver qué se nos ocurre.
Pinchar en la imagen os llevará a convocatoria, muchas gracias.
Así nos anima nuestra anfitriona TRACY a este nuevo jueves; vamos a ver qué se nos ocurre.
Septiembre llegó, y aquí estaba yo esperando, como quien abre una ventana temprano y deja entrar un aire que huele a comienzo. Yo lo recibí sin solemnidades, con ese gesto mío de “bueno, vamos a ver qué trae este año”, sabiendo que la rutina volvía, sí, pero no igual. Porque esta vez, la rutina venía con planes, con risas, con un pequeño temblor de ilusión en el estómago.
Mi casa sigue siendo mi centro de gravedad, el lugar donde leo, donde invento historias, donde pongo orden y cariño, donde la vida cotidiana se mezcla con mis mundos imaginarios. No abandono nada, ni mis quehaceres, ni mi hogar, ni mi gente. Pero este septiembre me ha dado permiso para moverme un poco más, para abrir ventanas nuevas sin cerrar las antiguas.
El primer salto es pilates. Ahí estoy yo, intentando que mi cuerpo recuerde que tiene un eje, un equilibrio y una serenidad que a veces se me escapa. Hay días en que me estiro como una bailarina, y otros en los que parezco una silla plegable que protesta. Pero me río, y eso ya es progreso.
Luego llegó el baile de salón. Yo, que siempre he bailado sola en la cocina, ahora tengo que seguir pasos, giros y miradas. El profesor dice que tengo “buena actitud”, que es una forma elegante de decir que pongo más entusiasmo que técnica. Pero me encanta, es como estrenar un cuerpo nuevo sin cambiar de talla.
Y después… el teatro. Este es mi primer año , peor promete ya os lo digo. Ahí sí que me siento como una niña con zapatos nuevos. La primera clase fue un festival de nombres, equilibrios y despistes. Me eliminaron en el primer juego por mi cabeza voladora, pero me reí tanto que creo que el grupo me adoptó en ese instante.
El teatro tiene esa magia, te suelta, te despierta, te recuerda que fallar también es una forma de brillar.
Entre todo eso, sigo siendo yo: la que lee, la que escribe, la que cuida su casa, la que mantiene a sus amigos cerca, incluidos esos virtuales que, sin tocarme, me acompañan y son parte de mi familia.
Septiembre me encontró en movimiento. Y esta vez, pienso seguirle el ritmo siempre que ante todo la salud nos acompañe y las ganas siempre esten listas para afrontar nuevos retos.
Campirela_
Pinchar en la imagen os llevará a la convocatoria de este jueves 10 de septiembre.
ALGUNAS REGLAS
— El relato debe partir de la premisa propuesta: «Algo que no debería existir» (objeto, idea o sentimiento).
— Extensión máxima: 350 palabras (más o menos).
— Prosa o poesía, a su elección.
— El género es libre.
— Pueden acompañar el relato con una imagen, si les apetece.
— Leer y comentar cada participación (muy importante).
Barriendo mi habitación descubrí algo que no debería existir. No era un objeto, ni una sombra, ni un ruido extraño. Era una línea, apenas un trazo en el suelo, como si alguien hubiera dibujado un borde entre mi mundo y otro. Me incliné para tocarla y al hacerlo se abrió, silenciosa, como una boca que lleva siglos esperando.
No tuve tiempo de pensar. La habitación desapareció. El aire cambió de sabor. Y de pronto estaba allí, un mundo donde el cielo era rojo y la tierra blanca, tan blanca que parecía hecha de huesos pulidos por el viento.
No había humanos. No había cuerpos. Solo conciencias flotando en la atmósfera, como si el pensamiento fuera la forma natural de existir. No hablaban, pero me sentían. Y yo, sin saber cómo, las entendía.
Una de esas conciencias descendió hacia mí. No tenía rostro, pero transmitía una pregunta que no supe responder.
En lugar de palabras, me ofreció una piedra: pequeña, irregular, con un brillo que parecía latir.
La guardé en el bolsillo. Y en ese instante todo se derrumbó, el cielo rojo, la tierra blanca, las conciencias… como si alguien hubiera cerrado un libro de golpe.
Desperté en mi habitación, el suelo estaba intacto, la línea había desaparecido. La escoba seguía en mi mano.
Pensé que había sido un sueño, un presagio, una locura transitoria. Hasta que metí la mano en el bolsillo. "La piedra estaba allí"
—Fría
—Real
—Imposible
Desde entonces he buscado la puerta. He barrido el suelo mil veces, he mirado desde todos los ángulos, he esperado a que el aire cambie, a que la línea vuelva a dibujarse. Pero nada.
A veces creo que la puerta nunca existió. Y otras veces —las más peligrosas— pienso que la puerta no era hacia otro mundo, sino hacia otra versión de mí.
Una que aún no sé si quiero volver a encontrar.
Campirela_
Como definición, el surrealismo es un movimiento artístico y cultural que surgió en Europa en la década de 1920 tras la Primera Guerra Mundial; pero en este caso, lo vamos a extrapolar a esas vivencias que, de pronto, nos rompen los esquemas.
La mujer tenía el rostro cubierto por una gasa tan fina que parecía más un pensamiento que un velo. Con esa gasa, estaba desnuda… pero a la vez vestida de algo que no se podía nombrar. Vestida de misterio.Vestida de todo lo que no se ve.
Y desde allí, desde esa gasa que le suavizaba el mundo, el resto de su cuerpo empezaba a decir cosas.
El fruto que sostenía entre las manos decía que ella guardaba cosas vivas, cosas que respiran, cosas que laten aunque no sean corazón. Decía que hay partes de ella que prefieren quedarse fuera, para no mezclarse con lo que duele dentro.
El fruto abierto en el vientre decía otra cosa: que hay verdades que se muestran solas, que hay secretos que florecen sin permiso, que hay zonas del cuerpo que hablan antes que la boca.
La pluma, quieta, decía lo más simple: que ella tiene un viento propio. Un viento que no sopla, que no arrasa, que no exige. Un viento que observa. Que espera. Que señala hacia dentro.
Cada elemento decía un poco de ella. Y juntos, la vestían. La vestían sin tela, sin ropa, sin nada que se pueda doblar o colgar. La vestían de sí misma.
Y aquel pintor se olvido de sus pies, quizás para que no saliera corriendo y le dejara con los pinceles en la mano ...
Campirela_
Si pincháis en la imagen, os llevará a LA VELETA, blog que es el anfitrión de esta convocatoria del jueves.
Cuando la extiendo sobre mis piernas, no veo dragones, ni princesas, ni castillos. En mis sueños de niña había lagos que brillaban como espejos, ríos que corrían con prisa de llegar al mar y montañas que parecían gigantes dormidos. La mantita absorbía todo eso, el olor a tierra mojada, el sonido del agua, el viento que movía las hojas de los chopos de las huertas.pero sobre todas las cosas, el olor de mi madre.
Era como un mapa acunándome.
Ahora, cuando la vuelvo a poner sobre mis piernas en una tarde fría, ese mapa sigue ahí.
No se han borrado mis recuerdos regresan con la misma nitidez.
La mantita vibra, pero ya no para llevarme al pasado me muestra un futuro que no necesita hijos para ser tierno, ni maternidad para ser abrazo.
-Un bebé que no es mio, pero que un día podría acunar, porque la vida a veces regala brazos prestados.
-Una tarde de otoño en mi sofá, la mantita sobre el regazo, leyendo, soñando, dejando que el calor me cuente historias nuevas.
-Un inviernio de esos que me encantan, con la mantita como un animal fiel que siempre vuelve a tu lado.
-Un viajen donde me acompaña en la maleta, como quien lleva un talismán.
-Un futuro abierto sin obligación, sin guion, sin “ Un debería”.
Y cuando la envuelvo ahora, ya adulta, el paisaje vuelve: los lagos se encienden, los ríos murmuran, las montañas respiran. Pero esta vez no soy la niña que sueña .Soy la mujer con presente y futuro que dice:
“No importa que no arrope hijos que no llegaron. Tú me arropaste a mí, y sigues aquí, décadas después, trayéndome aquel pasado tierno, este presente tranquilo, y un futuro que la vida guarda como un misterio.”
Campirela_
NOTA: No puedo responder a mis comentarios, ni tampoco comentar en los demás blogs, debe haber una averia generalizada. Gracias. 4/9/2026
Si queréis leer más relatos de los jueves, os invito a que pinchéis la imagen; os llevará a todos los participantes.
Gracias, Mónica, por tu convocatoria.
Él nunca vio un rostro, pero sabía cuándo alguien sonreía. Lo sentía en el aire, en esa vibración leve que se desprende de un cuerpo cuando la alegría lo toca. Para él, la felicidad tenía temperatura.
Caminaba despacio, no por miedo, sino por precaución, cada paso era una forma de escuchar al mundo. El suelo le hablaba, la madera era un susurro cálido, la piedra un silencio firme, la tierra un latido del corazón.
La gente decía que era invidente. Él pensaba que simplemente miraba desde otro sitio.
Cuando alguien se acercaba, no buscaba ojos, buscaba presencia. Algunas personas llegaban como una brisa suave. Otras como un golpe de viento. Otras como un perfume que no se olvida.
Los olores eran mapas. El de la lluvia le contaba historias de lugares que nunca vería. El del pan recién hecho le hablaba de manos que trabajan temprano. El de la piel humana le decía si alguien venía cansado, nervioso, o con un secreto en el pecho.
Los sonidos eran colores. El murmullo de una plaza era amarillo. El crujido de una puerta era marrón. El silencio de la noche era azul oscuro, casi negro, pero lleno de vida.
Y los sabores… Los sabores eran memorias, la miel le recordaba a su madre. La sal le recordaba al mar que nunca vio, pero que podía describir mejor que muchos que lo fotografiaron.
Él miraba así: Con la piel, con el oído, con el olfato, con la intuición. Con esa parte del alma que no necesita luz para orientarse.
Un día alguien le preguntó si le gustaría ver como los demás. Él sonrió, despacio, como quien piensa algo grande.
—No lo sé —dijo—. Quizá sí, quizá no. Pero te diré algo: yo no veo menos. Solo veo distinto.
Y en ese “distinto” había una verdad que pocos alcanzan: Que la sensibilidad no está en los ojos, sino en la forma en que uno se deja tocar por el mundo
Campirela_
P.D Este relato lo quiero dedicar a esas personas que tienen dificultad en su visión, ya sea total o parcial; ellos ven distinto, pero perciben la vida de una manera diferente; todo su cuerpo son la retina de unos ojos.
Ese momento en que alguien se detiene, se apoya la mano en la cara y deja que el mundo siga girando alrededor. La vida no siempre es acción, a veces es pausa, observación, un pequeño refugio dentro del ruido.
La vida, para ella, no está en la mesa donde se sienta. Está en ese lugar al que mira sin mirar, donde alguien —quizá lejano, quizá imposible— le enciende el pecho con una mezcla de nostalgia y deseo.
No piensa en quien la acompaña, piensa en quien la acompaña por dentro.
Y en esa grieta, en ese hueco secreto, la vida se vuelve verdad, esa que no se grita , que no se exhibe, pero que hace feliz a quien la siente.
Porque vivir, para ella, es recordar lo que la tocó de verdad y seguir deseando lo que aún no ha llegado.
La vida, para ella, ocurre en dos planos, el que comparte con quien está a su lado, y ese otro que se abre cuando su mirada se empaña pensando en alguien que no está.
No es desdén, no es distancia, es la forma que tiene su corazón de recordar que también existe un deseo más lejos, una nostalgia que la acompaña como una sombra tibia.
Y aun así, en esa doble presencia, hay un hilo de esperanza, la certeza de que lo que busca —lo que la enciende— todavía puede llegar.
Porque ella vive así, entre lo que tiene y lo que sueña, sin negar a nadie, pero sin renunciar a lo que la hace vibrar.
Fotografia de Slim Aarons (7)
Sentada en la acera, cierra sus ojos y el mundo se queda fuera. No hay voces, no hay nombres, no hay historias reclamando espacio.
Solo ella, su cuerpo relajado, y ese silencio de compañía.
La mente empieza a caminar despacio, como quien recorre un lugar conocido y vuelve a tocar las paredes con la yema de los dedos. No piensa en nadie. No espera nada.
No recuerda para dolerse, ni imagina para desear.
Es una sesión íntima con su propia vida, un paseo por sus neuronas, por los rincones donde guarda lo que la sostiene, lo que la calma, lo que la hace ser ella sin esfuerzo.
En esa quietud, la vida se vuelve clara, como si la luz se ordenara dentro de su pecho. Y entiende algo sencillo, casi secreto que esta soledad no es vacío, es hogar.
Aquí, en este instante sin pretensiones, ella vive. ella es feliz con su yo más intimo, el más personal, el que pocos conocen, el más real.
Mas proyectos de Ginebra en Serendipia.
Con estas dos entradas, del Proyecto de Ginebra me despido no queria dejarlas pasar, un besote y abrazo y hasta la vuelta ... Sed felices !!
Mil gracias Ginebra...😘😘🌹🙋
Buenas amigos, hemos llegado al final de esta semana con grandes relatos, reflexiones apoteósicas que hacen enriquecer más esta propuesta y la verdad, lo unico que tengo que decir es que muchísimas gracias por todo vuestro apoyo y participación, y como siempre suelo decir, los comentarios son parte de estos retos.
Con esto me despido supercontenta de la acogida, y os dejo por unas semanas; nos volveremos a leer, si Dios quiere, a mi regreso. Eso será si el tiempo no lo impide en septiembre. Así pues, os dejo mi agradecimiento a cada uno de vosotros, que durante estos siete meses nos hemos acompañado cada semana con nuestras entradas y comentarios.
Un abrazo para cada uno de vosotros, y aunque no puedo participar, entre otras cosas, se necesita desconectar un poco; donde voy la cobertura es pésima.
Gracias, gracias.
Ahora le toca a nuestra anfitriona Mónica coger la batuta y os recuerdo que podéis optar por ser anfitriones; es una bonita experiencia.
Campirela_