El reto de Rebeca este mes va con la premisa de la palabra PRISIONERO; ella la deberemos utilizar solo una vez en el texto; si va en el título, no contará.
Tenemos todo el mes para presentarlo en nuestro blog y luego enlazarlo en el suyo; nos da como máximo 350 palabras. Esperemos que no nos quemen como su título... Si pincháis en la imagen, os llevará a su reto del mes. Muchas gracias.
El huésped
Durante semanas creyó que era estrés. Un cansancio extraño, una torpeza mínima en los dedos, como si cada gesto llegara con un segundo de retraso. Pero aquella noche, mientras intentaba dormir, sintió algo que no podía explicar: un pensamiento que no era suyo se estaba apoderando de su cuerpo.
Era como si una presencia se hubiera instalado bajo la piel, observando desde un lugar sin ojos. Cada movimiento que hacía parecía evaluado, registrado, corregido. Al principio intentó ignorarlo, pero pronto descubrió que la presencia tenía preferencias: le hacía girar la cabeza hacia la ventana, detener la respiración en mitad de un paso, cerrar la mano sin motivo.
Una madrugada, al levantarse para beber agua, notó que el brazo se movía antes de que él decidiera hacerlo. No mucho, apenas unos centímetros. Pero suficiente para entender que algo estaba tomando iniciativa. Se quedó quieto, escuchando. El silencio de la casa era perfecto, pero dentro de él había un ritmo nuevo, algo que no coincidía con el suyo.
Intentó resistirse. Intentó pensar, ordenar su cuerpo como siempre. Pero la presencia respondió con una calma que helaba; su corazón latía profundamente, aunque este latido no pertenecía a ningún órgano conocido.
Tardó en comprender que no era una invasión, sino más bien una convivencia.
Su cuerpo era un territorio compartido, y entonces le llegó una revelación tan nítida que lo derribó.
Su huésped no quería destruirle, quería dirigirlo hacia un lugar que había habitado antes, en otra vida.
Un rincón mental donde guardaba tantas cosas en las que nunca se quiso enfrentar, convirtiéndose en su propio PRISIONERO.
La presencia le empujó con suavidad hacia esa puerta que debía abrir para saber quién era realmente.
Cuando descubrió ese rincón en su mente
El cuerpo ya no era solo suyo. Era territorio compartido.
Y entonces llegó la revelación, tan nítida que casi lo derribó, aquello que lo habitaba no quería destruirlo. Quería dirigirlo. Guiarlo hacia un lugar que él había evitado toda su vida. Un rincón mental donde guardaba lo que nunca quiso enfrentar. Un recuerdo que había encerrado, convirtiéndose en su propio enemigo.
La presencia empujó suavemente desde dentro, como una mano invisible abriendo una puerta. Él no gritó. Solo se dejó llevar.
Al día siguiente se miró en el espejo; allí estaba su rostro, pero de sus ojos se desprendía un pasado escrito en ellos.
Ahora sabía toda la verdad: no quería que su huésped le abandonara.
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