Este jueves nos convoca Dafne con un tema peculiar y más importante de lo que pudiera parecer a primera vista .
La basura que se generará en el planeta Tierra y el sentido que puede tener en la sociedad.
*La basura de una persona puede ser el tesoro de otra*
A ver cómo enfocamos este proyecto del jueves.
Si lo hacemos ficticio, real, monstruoso o incluso hasta erótico...
Manos a la obra... Aquí podréis encontrar la convocatoria y participantes
La ciudad ordena la suciedad ajena
La ciudad amanecía siempre con el mismo murmullo, el roce de lo que se tira contra lo que aún desea ser tocado. En las aceras, la basura se acumulaba como un segundo paisaje, un relieve hecho de restos humanos.
Para algunos era simple molestia, para otros, un territorio fértil donde la vida podía recomenzar con una silla coja, un espejo astillado o un abrigo que aún conservaba el olor de alguien que nunca conocerían.
Él —o quizá ello— caminaba entre los montones con una delicadeza casi ritual. No buscaba objetos buscaba historias. Cada objeto tenía una temperatura distinta, un pulso tenue, como si la ciudad expulsara partes de sí misma para que otros las adoptaran. A veces encontraba muebles de lujo abandonados por capricho, otras juguetes rotos que parecían llorar en silencio. Los recogía con una ternura que rozaba lo prohibido, como si acariciara la piel de un animal herido.
Con el tiempo, los objetos comenzaron a unirse entre sí. No por magia, sino por necesidad. Una lámpara rota se abrazaba a un maniquí sin brazos; un colchón desgastado se plegaba sobre una bicicleta oxidada. Y de esa unión surgía una forma nueva, un cuerpo imposible, hecho de lo que nadie quería. Un monstruo, decían algunos. Una criatura de deseo, pensaba él.
Porque había algo inquietante en la manera en que ese cuerpo de basura parecía buscarlo. Lo seguía con un crujido suave, como un susurro. No pedía nada, solo presencia. Y él, que siempre había vivido entre lo descartado, sentía que por fin alguien —o algo— lo miraba sin juicio.
Una noche, el monstruo se acercó tanto que pudo ver su reflejo en un trozo de metal pulido. No era feo. No era bello. Era la suma de todas las vidas que habían pasado por esos objetos. Y en ese reflejo él se reconoció, también era un resto, un fragmento, una historia que alguien había dejado atrás.
Entonces comprendió que la basura no era el final de nada, sino el comienzo de una intimidad distinta. Una que no necesitaba palabras, solo la valentía de tocar lo que otros no se atreven ni a mirar.
Campirela_
Pd. Encontrado este informe que no deja indiferente; si pincháis en la imagen, lo podéis leer. Gracias.