jueves, 27 de agosto de 2026

Relato del jueves 27/8/2026 " Mucho más que una mirada"


Si queréis leer más relatos de los jueves, os invito a que pinchéis la imagen; os llevará a todos los participantes.

Gracias, Mónica, por tu convocatoria.


Esta semana la consigna se centrará en el poder de las miradas y todas las sensaciones y sucesos que puedan disparar en nuestras reacciones y pensamientos. De esta forma, los participantes que quieran sumarse deberán aportar un relato de alrededor de 350 palabras, narrado EN PRIMERA PERSONA, de género y estilo libre que tenga como disparador el impacto de una mirada (sea quien sea el/la dueño/a de esos ojos y sean cual fueren las circunstancias). A medida que vayan publicando, me dejan el link respectivo y el jueves, armaré la lista de participantes. 

 La mirada que sucede en otro lugar

Él nunca vio un rostro, pero sabía cuándo alguien sonreía. Lo sentía en el aire, en esa vibración leve que se desprende de un cuerpo cuando la alegría lo toca. Para él, la felicidad tenía temperatura.

Caminaba despacio, no por miedo, sino por precaución, cada paso era una forma de escuchar al mundo. El suelo le hablaba, la madera era un susurro cálido, la piedra un silencio firme, la tierra un latido del corazón.

La gente decía que era invidente. Él pensaba que simplemente miraba desde otro sitio.

Cuando alguien se acercaba, no buscaba ojos, buscaba presencia. Algunas personas llegaban como una brisa suave. Otras como un golpe de viento. Otras como un perfume que no se olvida.

Los olores eran mapas. El de la lluvia le contaba historias de lugares que nunca vería. El del pan recién hecho le hablaba de manos que trabajan temprano. El de la piel humana le decía si alguien venía cansado, nervioso, o con un secreto en el pecho.

Los sonidos eran colores. El murmullo de una plaza era amarillo. El crujido de una puerta era marrón. El silencio de la noche era azul oscuro, casi negro, pero lleno de vida.

Y los sabores… Los sabores eran memorias, la miel le recordaba a su madre. La sal le recordaba al mar que nunca vio, pero que podía describir mejor que muchos que lo fotografiaron.

Él miraba así: Con la piel, con el oído, con el olfato, con la intuición. Con esa parte del alma que no necesita luz para orientarse.

Un día alguien le preguntó si le gustaría ver como los demás. Él sonrió, despacio, como quien piensa algo grande.

—No lo sé —dijo—. Quizá sí, quizá no. Pero te diré algo: yo no veo menos. Solo veo distinto.

Y en ese “distinto” había una verdad que pocos alcanzan: Que la sensibilidad no está en los ojos, sino en la forma en que uno se deja tocar por el mundo

Campirela_

P.D Este relato lo quiero dedicar a esas personas que tienen dificultad en su visión, ya sea total o parcial; ellos ven distinto, pero perciben la vida de una manera diferente; todo su cuerpo son la retina de unos ojos.