domingo, 10 de mayo de 2026

Fuego en las palabras, Mayo 2026

              Pinchar en la imagen os llevará al reto de este mes de mayo, gracias...
Edición abierta hasta El 9 de junio a la medianoche (hora de España peninsular)

Tu relato o poema tiene que contener estas tres palabras: juez jueza + león (animal. En este caso solo se admite el macho de la especie) + tijeras.Máximo 350 palabras para los relatos y 150 para los poemas.





El juicio del león y las tijeras mágicas

En la selva había un rumor que solo los niños podían escuchar:
“Hoy el león hará justicia”.
Y claro, los niños —que siempre saben más de lo que dicen— fueron los primeros en llegar al claro donde el rey esperaba sentado en su roca, con una corona torcida y unas tijeras brillantes entre las garras.

No eran tijeras normales; cortaban mentiras, y hasta los miedos más profundos de cada uno de los presentes.

Cortaban incluso los nudos que uno lleva dentro sin saberlo.

El león rugió, pero no para asustar, sino para llamar al orden.
—Hoy juzgaremos lo que no se ve —dijo con voz grave.

El primer acusado fue el Mono, que siempre hacía travesuras y luego culpaba al viento.
Las tijeras temblaron.
El león las acercó a la cola del mono y zas, cayó al suelo un trocito de sombra.
—Ahí está tu mentira —sentenció el rey—. Recógela y aprende a decir la verdad.

Luego vino la jirafa, que caminaba encogida porque tenía miedo de destacar.
El león pasó las tijeras por su cuello largo y, clic, cayó un hilo invisible.
—Ese es tu miedo —dijo—. Ya no te pertenece.
La jirafa se estiró tanto que tocó una nube.

Los niños miraban fascinados.
Ellos también tenían cosas que cortar, pero no se atrevían a decirlo.

Hasta que uno, el más pequeño, avanzó con un temblor valiente.
—Rey León… creo que tengo un nudo aquí —señaló su pecho.

El león lo miró con ternura.
Acercó las tijeras, que brillaron como si supieran que hacer.
Un crac suave llenó el aire.
Cayó al suelo un miedo que no tenía forma, pero sí peso.

El niño respiró hondo.
Los demás lo imitaron.
Y así, uno a uno, fueron dejando caer sus nudos, sus sombras, sus silencios.

Cuando terminó el juicio, el león guardó las tijeras bajo su melena.
—La justicia no siempre castiga —dijo—. A veces libera.

Y los niños, que ya sabían eso sin saberlo, salieron corriendo a jugar bajo la lluvia intermitente.

Campirela_


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