jueves, 23 de abril de 2026

La carta (Historias encadenadas)Propuesta por Ginebra / Marzo de 2025

           Si pincháis en la imagen, os llevará a Serendipia... Historias encadenadas.


No lo dudó ni un solo instante. Sabía que hacer ese viaje iba a suponer un cambio drástico en su vida. Ya desde niña la estuvieron preparando para aquel acontecimiento: al recibo de esa carta, su identidad dejaría de ser la misma y tendría que asumir su irrefutable destino...

...aunque tampoco le gustaba la idea. Le recordaba a los relatos de Hortensia, la escritora de La esfera. Escritora a la que le había comenzado a tener una cierta antipatía. Desde el recibo de la carta se sentía como si fuera un personaje que tuviera que seguir los caprichos de alguien para desarrollar una historia. Asumiría su destino, pero no con alegría.

Tuvo una semana para prepararse y mentalizarse de que aquel viaje sería un antes y un después en su vida. Aquel destino que la vida le había puesto en su camino le traería consecuencias, pero a veces el destino te invita a vivir aventuras, y esta sin duda lo iba a ser. El tren salía en unas horas, cuando en el andén visualizó una figura que no le era desconocida, pero sí aterradora...

...Era el guionista. Lo recordaba de hace muchos años; precisamente de cuando le dijo que debería abandonar el pueblo en el día de hoy. —Hola, Déstiny. Siento comunicarte que hay cambio de planes. El gobierno militar ha cambiado la mayoría de edad a 21. Así que, aunque ya tienes 18, no puedes irte. Tus padres no lo permiten. Y además tienes que despedirte de tu exnovio y reconquistarlo, aunque supongo que ya sabrás que ya está saliendo con Trágedy...

Tras una intensa semana, su mundo había cambiado. Había contemplado todas las variables posibles que habría de enfrentar y su conclusión era que, a pesar de todo, ella era capaz de salir adelante por sí misma. Deseó que Trágedy y su ex fueran felices; desde luego ella lo iba a ser. De alguna forma ese giro del destino resultaba muy liberador y hasta pudo sentir que renacía. Se despidió del guionista y se fue tarareando mentalmente una canción; todo parecía igual, pero ella se sentía diferente.

La figura del guionista desapareció entre la multitud del andén, y con él todas las expectativas y cadenas que la habían atado a un futuro escrito por otros. Destiny sonrió con un brillo renovado en los ojos, sintiendo que por primera vez era dueña de su propio destino. El tren, que minutos antes parecía ser el vehículo hacia una vida predeterminada, ahora le ofrecía infinitas posibilidades. Subió al vagón sin mirar atrás, sin cargar más equipaje que su nueva libertad. Las vías que la esperaban ya no eran trazadas por nadie más; ahora sería ella quien decidiera el rumbo. Sin embargo, al mirar por la ventana se quedó atónita...

...Al ver el paisaje que se abría ante ella. ¿Realmente era la dueña de su destino? Entonces, ¿por qué motivo no estaba yendo hacia ese lugar improvisado en el cual comenzaría una nueva vida mucho más estable? Mirando a su alrededor reparó en detalles que antes habían pasado desapercibidos o simplemente habían cambiado. ¿Era real lo que estaba sucediendo? ¿O, por el contrario, solo estaba en su cabeza? Su mente era un hervidero de ideas. De repente recordó el encuentro en el pasillo con aquel desconocido que amablemente le cedió el paso. Ese leve contacto… ahora lo sabía: estaba intoxicada y todo podía ser una simple ilusión. ¿Cómo saber la verdad? Se dirigió al vagón donde estaba el baño; tenía que aclarar sus ideas repasando los pasos marcados. Al levantarse de su asiento se encontró con un rostro: el desconocido le sonreía abiertamente...

Y aunque correspondió a su sonrisa, eso le dio algo más para pensar. ¿Hasta qué punto podía confiar en un desconocido? ¿Realmente el confiar o el no hacerlo sería su decisión? Destiny, su propio nombre, le estaba resultando algo irónico. Después de todo, tanto el cambiar de vida por una carta como el no poder partir por un cambio de reglas eran hechos impuestos.

Al dirigirse al baño vio su rostro reflejado en el espejo. Solo tenía dieciocho años, y sus ojos eran la imagen de una persona triste y preocupada. Qué haría de nuevo allí, en el hogar de sus padres, porque en verdad ella nunca encajó con ellos. Tal vez esa carta era la clave para saber quién era realmente ella.

Sacó la misiva de su bolsillo y se dispuso a volver a leerla con mayor atención; la primera vez fue tanta su sorpresa de recibirla que no fue consciente de lo que leía. Fue así que ahora notó que bajo la escritura parecía dibujarse un mapa. Puso la carta a trasluz y pudo apreciar la imagen completa de un mapa que señalaba un destino...

...que percibió con intensa lucidez. Por primera vez apreció el valor de la preparación que le dieron desde niña. Estaba lista para planear los pasos para afrontar los riesgos que implicaban esta aventura. Y también para improvisar ante los imprevistos. Tal vez tendría que saltar del tren antes de llegar a la estación señalada, aunque preferiría no tener que hacerlo. Por el momento, salió del baño muy segura de sí misma, manteniendo la sonrisa.

Aquel descubrimiento fue el talismán para seguir con su aventura; había llegado la hora de echar a volar y hacer sus sueños realidad. Se bajaría en la próxima estación, buscaría una biblioteca para ver en un atlas las coordenadas que señalaban aquella carta y ese mapa oculto. El tren frenó; su destino estaba a punto de comenzar.

Al sentir el frenazo, comenzó de nuevo a leer compulsivamente aquella carta, una y otra vez y otra más, sin poder dejar de hacerlo. Quería grabar el mapa en su mente, pero a la vez sentía que vivía en un déjà vu interminable, una pulsión de la que no podía escapar. Se decía a sí misma: “No vale, el destino me está haciendo trampas, copiando una y otra vez lo que ya he vivido. Debo saltar de este tren inmediatamente... No puedo permanecer aquí ni un segundo más...” Así lo hizo: ni siquiera esperó a que el tren se parara en el andén; saltó por una ventana y, tras rodar un poco por el suelo, se levantó. Comprobó que lo que llevaba en su mochila como único equipaje no se había deteriorado en la caída y, tras sacudirse el polvo y atusarse el pelo, respiró y por fin caminó hacia ese futuro que tanto ansiaba encontrar... Sin pensárselo, comenzó a correr alejándose de las vías...

...hasta que fue derribada por una joven mujer, podría decirse que de la misma edad. Destiny se preparó para pelear; había sido entrenada. —Calma, calma. Me llamo Moira. —¿Moira? ¿Como la personificación del destino? Moira le dijo que sí. Que no había casualidad en ese nombre. También a ella la estuvieron preparando desde niña. —No debiste correr; es una actitud sospechosa que debemos evitar —continuó diciendo Moira—. Debemos seguir caminando mientras tenemos una conversación trivial. Destiny se aburrió mucho de lo que hablaron, pero lo disimuló. Hasta que Moira le entregó un par de tarjetas. —Esta es la biblioteca adonde debes ir. La encontrarás fácilmente. Y esta es una tarjeta de socia. Te ayudarán con la aventura. Y recuerda: sigue caminando, no llames la atención.

Aún aturdida por el golpe recibido al ser derribada por Moira, se recompuso y caminó despacio, tal cual le había recomendado ella, hacia la biblioteca. “¿Por qué seremos tan violentos los humanos?”, se preguntaba Destiny mientras abría la puerta de una biblioteca diáfana y llena de luz...

Al entrar en la biblioteca, notó que todos los ojos estaban fijos en ella. Moira al instante se dio cuenta de su presencia y le ofreció un asiento al lado del suyo. Ambas compartieron confidencias y, de común acuerdo, decidieron seguir el viaje a ese lugar idílico las dos juntas, pero eso sería el día siguiente, ya que Moira había encontrado un lugar para descansar esa misma noche.

Era un lugar más grande que un departamento, aunque no demasiado. Tenía comodidades para descansar, con todo confort. Moira le dijo que lo disfrutara, que aprovechara todo lo que pudiera, porque el viaje no sería turístico, sino de aventuras. Con sigilo y algo de peligro. —Para eso me prepararon desde niña —contestó Destiny—. Estaré a la altura de mi destino. —Me gusta esa respuesta —dijo Moira—. Arreglamos algunos detalles y preparo la cena.

Organizaron lo que tendría que llevar: mapas, binoculares, una carpa. Y llegada la hora, disfrutaron de la cena preparada por Moira. Un lujo al que renunciarían por algún tiempo. Estaban listas para una misión que sería una carga, pero una carga compartida entre dos.




martes, 21 de abril de 2026

Convocatoria del jueves 23 de abril ( 20 de abril)

  Está semana le toca  a Tracy dirigir el Jueveando. Sabéis como le gusta la música así que ha pensado en las canciones que se le han dedicado al mes de abril y que escribamos sobre este mes, tomando como referencia cualquiera de la temática de éstas canciones que nos dejo u otras dedicadas a él , en las que yo no haya caído al hacer esta lista:

En este caso me he decidido por la de Celtas Cortos, 20 de abril; creo que me recuerda la letra a muchas historias de juventud... y hete aquí lo que ha salido de mi mente, espero que os guste.

     Si pincháis en la imagen, os llevará a la convocatoria. Muchas gracias.


20 de abril años después

20 de abril, pero de otro año. No sé por qué hoy me ha dado por buscarte entre las canciones viejas, como quien abre una caja que juró no volver a tocar. La tarde olía a lluvia y a memoria, y de pronto estabas ahí, en un estribillo que me ha devuelto tu risa, tu abrigo enorme, tu forma de mirar el mundo como si siempre estuviera a punto de empezar algo.

Terminé la carrera, encontré trabajo, levanté una casa que al principio me quedaba grande y luego se llenó de pasos pequeños, de meriendas improvisadas, de noches sin dormir y mañanas de café templado. La vida siguió su curso, con su mezcla de vértigo y rutina, de alegrías inesperadas y cansancios que también enseñan.

Y aun así, aunque nunca te lo dije, tú seguías ahí. No como una espina, sino como una brasa suave, de esas que no queman pero calientan cuando el invierno se alarga. Un enamoramiento fiel, sí, pero libre. Libre como éramos entonces, cuando creíamos que el mundo cabía en una mochila y que el futuro era un lugar sin paredes.

A veces, mientras preparaba la cena o ayudaba con los deberes, me venía tu risa, esa forma tuya de mirar como si siempre estuvieras a punto de decir algo importante. Y yo sonreía sola, sin que nadie lo notara. No era tristeza. Era… reconocimiento. La certeza de que hay personas que pasan una sola vez, pero dejan una luz que no se apaga.

No te busqué. No quise. Porque cuando se ama de verdad, se deja libre. Y yo te dejé ir sin cadenas, sin reproches, sin preguntas. Quizá por eso sigues vivo en este rincón mío que no estorba, que no pesa, que solo acompaña.

Hoy, escuchando esa canción que ya sabes cuál es, me ha dado por escribirte. No para recuperar nada, no para abrir heridas. Solo para decirte que exististe en mí de una forma hermosa. Y que eso, después de tantos años, sigue siendo suficiente.

Doblo la carta despacio. El papel cruje como si también él supiera que esto es un adiós suave, de esos que no duelen. Busco un sobre, uno cualquiera, sin nombre, sin dirección. No hace falta. Hay cartas que no quieren llegar a ninguna parte, solo quieren salir.

Escribo la fecha en la esquina: 20 de abril. Nada más.

Camino hasta el buzón de la esquina. La calle huele a noche tibia y a música que se escapa de alguna ventana. Levanto la tapa, dejo caer el sobre y escucho el golpe seco al fondo. Un sonido pequeño, pero definitivo.

Y al cerrar el buzón, siento algo extraño: ligereza. Como si por fin hubiera devuelto al mundo una historia que llevaba demasiado tiempo guardada.

No sé dónde irá esa carta. No importa. Lo importante es que ya no está en mis manos. Y que tú, de alguna manera, sigues siendo una luz que no reclama, que no exige, que simplemente acompaña.

Campirela_


lunes, 13 de abril de 2026

Convocatoria del jueves 16/04/26: Basura

Este jueves nos convoca Dafne con un tema peculiar y más importante de lo que pudiera parecer a primera vista .

La  basura que se generará en el planeta Tierra y el sentido que puede tener en la sociedad.

*La basura de una persona puede ser el tesoro de otra* 

A ver cómo enfocamos este proyecto del jueves.

Si lo hacemos ficticio, real, monstruoso o incluso hasta erótico...

Manos a la obra... Aquí podréis encontrar la convocatoria y participantes


La ciudad ordena la suciedad ajena

La ciudad amanecía siempre con el mismo murmullo, el roce de lo que se tira contra lo que aún desea ser tocado. En las aceras, la basura se acumulaba como un segundo paisaje, un relieve hecho de restos humanos.

Para algunos era simple molestia, para otros, un territorio fértil donde la vida podía recomenzar con una silla coja, un espejo astillado o un abrigo que aún conservaba el olor de alguien que nunca conocerían.

Él —o quizá ello— caminaba entre los montones con una delicadeza casi ritual. No buscaba objetos buscaba historias. Cada objeto tenía una temperatura distinta, un pulso tenue, como si la ciudad expulsara partes de sí misma para que otros las adoptaran. A veces encontraba muebles de lujo abandonados por capricho, otras juguetes rotos que parecían llorar en silencio. Los recogía con una ternura que rozaba lo prohibido, como si acariciara la piel de un animal herido.

Con el tiempo, los objetos comenzaron a unirse entre sí. No por magia, sino por necesidad. Una lámpara rota se abrazaba a un maniquí sin brazos; un colchón desgastado se plegaba sobre una bicicleta oxidada. Y de esa unión surgía una forma nueva, un cuerpo imposible, hecho de lo que nadie quería. Un monstruo, decían algunos. Una criatura de deseo, pensaba él.

Porque había algo inquietante en la manera en que ese cuerpo de basura parecía buscarlo. Lo seguía con un crujido suave, como un susurro. No pedía nada, solo presencia. Y él, que siempre había vivido entre lo descartado, sentía que por fin alguien —o algo— lo miraba sin juicio.

Una noche, el monstruo se acercó tanto que pudo ver su reflejo en un trozo de metal pulido. No era feo. No era bello. Era la suma de todas las vidas que habían pasado por esos objetos. Y en ese reflejo él se reconoció, también era un resto, un fragmento, una historia que alguien había dejado atrás.

Entonces comprendió que la basura no era el final de nada, sino el comienzo de una intimidad distinta. Una que no necesitaba palabras, solo la valentía de tocar lo que otros no se atreven ni a mirar.

Campirela_

Pd. Encontrado este informe que no deja indiferente; si pincháis en la imagen, lo podéis leer. Gracias.



domingo, 12 de abril de 2026

Fuego en las Palabras. (Mes de abril 2026)

 

Esta vez he elegido ambas propuestas, opción A, un poema; aunque no soy yo de ello, lo hago por el día 23 de abril, Día del Libro. Y la otra opción para el Día del Niño este será un relato; me encuentro mucho mejor con este tipo de escritura... Espero que os guste.

En el tema de escribir sobre el Día del Niño, 15 de abril, hay que tener en cuenta unas frases. Además de que el tema central sea la infancia, tienes que incorporar en tu texto al menos una de las frases de esta preciosa canción de  Rozalén..

                            AVENTURAS ENTRE LÍNEAS

                   Abro el libro y me escapo,

me deslizo entre sus letras.
Cada página me guiña,
como si fuera una puerta.

Soy pirata, soy princesa,
soy la bruja que despega.
Lo que leo me desata,
me revuelve, me reinventa.

En la trama me disfrazo,
me deslizo por la escena.
A veces río en silencio,
otras veces voy tan seria.

Pero siempre, cuando leo,
soy la dueña de la fiesta:
protagonista secreta
de un mundo que me desea.


El Océano en nuestros tobillos

               


Éramos expertos en mares inventados. El agua apenas nos rozaba los tobillos, pero nosotros hablábamos de tormentas, de piratas y de islas secretas como si el mundo dependiera de nuestros barquitos de madera.

Uno empujaba el velero con un palo, muy serio, como si fuera capitán de verdad.
Otro lo seguía desde la roca, dando órdenes que nadie obedecía.
Y el tercero… bueno, el tercero siempre decía que veía monstruos marinos, cuando se tropezaba y se hacía un rasguño, nos reíamos y le decíamos que curábamos las heridas de sus labios con aceite de oliva, porque así sanaban más rápido los capitanes valientes.

El sol brillaba como si estuviera de nuestro lado, y el horizonte parecía un sitio alcanzable, casi nuestro.

Aquel día no jugábamos, conquistábamos.
Porque cuando eres niño, cualquier charco es un océano y cualquier barco pequeño sabe más aventuras que tú.

Campirela_


Rozalén *Entonces*



Pd. pinchar en la imagen os llevas Fuego de letras 





sábado, 11 de abril de 2026

Cierre de convocatoria " Lo que sentimos cuando nadie nos mira"


Despedida de convocatoria

Gracias a todas las personas que habéis formado parte de esta convocatoria. Vuestras palabras, vuestra sensibilidad y vuestra manera de mirar el mundo han hecho de este espacio un lugar vivo, cálido y lleno de alma. Nos despedimos despacio, como se cierran las cosas que importan, dejando encendida la luz de lo compartido

Y ahora, con el mismo entusiasmo damos la bienvenida a nuestra nueva anfitriona, DAFNE que llega para seguir tejiendo este rincón donde la creatividad respira cuando nadie nos mira.

PD. Os recuerdo que necesitamos voluntarios para ser anfitriones para los Relatos de los jueves, animarse .

Campìrela_




miércoles, 8 de abril de 2026

Mi participación de los jueves" Lo que sentimos cuando nadie nos mira"

                                Pinchar en la imagen y os llevará a la convocatoria, gracias


Cuando nadie me mira, mi mente se abre como una ventana en mitad de la noche.

Es entonces cuando dejo que entren mis sueños sin filtros, esos que guardo doblados entre las costuras del día.

Sueños que huelen a deseo, a piel imaginada, a viajes que solo existen cuando cierro los ojos y permito que mi cuerpo recuerde lo que nunca ocurrió… o quizá sí.

A veces, en ese silencio, pienso en ti.

En lo que podría haber sido en otra vida, donde tal vez yo sería esa fiera salvaje que no teme arder, o esa mujer soñadora a la que las alas no le pesan y puede volar sin pedir permiso.

Una vida donde mis pasos me llevarían directo hacia ti, sin dudas, sin relojes, sin miedo.

Pero también aparecen los que ya no están.

Sus nombres se deslizan por mi memoria como gotas de lluvia en un cristal, y lo que antes era fuego se vuelve melancolía.

Es extraño cómo un mismo pensamiento puede arder y doler al mismo tiempo.

Y otras veces —las más inesperadas— surge esa niña que aún vive en mí, la que se ríe a carcajadas mientras hace pequeñas travesuras que no confesaría en voz alta.

Esa parte juguetona que la madurez no ha conseguido domesticar del todo, y que aparece justo cuando el mundo cree que soy pura serenidad.

Cuando nadie me mira, soy todas mis versiones a la vez:

La que desea, la que recuerda, la que extraña, la que sueña con ayudar a los demás, la que se esconde, la que vuela.

Quizá por eso me gusta tanto ese instante secreto…

porque ahí, en ese espacio sin testigos, soy más yo que nunca.

Campirela_


martes, 7 de abril de 2026

Proyecto Ginebra del mes de Abril. La música y las flores

 

       Karl BlossfeldKarl Blossfeld

Rock lento entre espinas

Nea, se sienta en la orilla del río como quien llega a un lugar sagrado sin saberlo. Lleva las zapatillas llenas de polvo del camino y el pelo revuelto por un viento que parece conocerla desde antes de que ella misma se conociera. No tiene prisa. No la necesita.

A su lado, los cardos se alzan como pequeñas catedrales de espinas, coronados por flores que no se rinden. Hay algo en ellos que la inquieta y la calma al mismo tiempo, esa mezcla de dureza y belleza que siempre le ha recordado a su propia piel.

Saca el altavoz de la mochila.
Un rock lento *Aerosmith - I Don't Want Miss a Thing *empieza a vibrar en el aire, grave, profundo, como si cada nota fuera un latido antiguo que sube desde la tierra. El riff se mezcla con el rumor del agua, y por un instante no sabe si la música viene del altavoz o del paisaje entero.

La adolescente observa los cardos con una atención que no suele darse a nada.
Los mira como si fueran un espejo.
A veces siente que también está hecha de espinas, de silencios, de cosas que no sabe decir. Pero la música… la música le da permiso para sentirlo todo sin explicarlo.

El sol cae oblicuo sobre las flores, iluminando cada filamento como si fueran cuerdas vibrando. Ella imagina que el cardo escucha con ella, que ambos comparten ese instante suspendido donde la naturaleza y el rock se abrazan sin tocarse.

Respira más hondo.
Como si ese rock lento le enseñara a habitar su propio cuerpo.
Como si el cardo le recordara que incluso lo áspero puede florecer.

En ese pueblo pequeño, junto a ese río que nadie mira dos veces, la chica descubre un lugar donde puede ser ella misma sin miedo.
Un lugar donde la música no es ruido, sino compañía.
Y donde los cardos, orgullosos y tercos, le enseñan que crecer también es una forma de resistencia.

Campirela_
 
Texto perteneciente a la propuesta de Ginebra, la Música y las Flores, podréis encontrar las bases en Serendipia Variétés.