Está semana le toca a Tracy dirigir el Jueveando. Sabéis como le gusta la música así que ha pensado en las canciones que se le han dedicado al mes de abril y que escribamos sobre este mes, tomando como referencia cualquiera de la temática de éstas canciones que nos dejo u otras dedicadas a él , en las que yo no haya caído al hacer esta lista:
En este caso me he decidido por la de Celtas Cortos, 20 de abril; creo que me recuerda la letra a muchas historias de juventud... y hete aquí lo que ha salido de mi mente, espero que os guste.
Si pincháis en la imagen, os llevará a la convocatoria. Muchas gracias.
20 de abril años después
20 de abril, pero de otro año. No sé por qué hoy me ha dado por buscarte entre las canciones viejas, como quien abre una caja que juró no volver a tocar. La tarde olía a lluvia y a memoria, y de pronto estabas ahí, en un estribillo que me ha devuelto tu risa, tu abrigo enorme, tu forma de mirar el mundo como si siempre estuviera a punto de empezar algo.
Terminé la carrera, encontré trabajo, levanté una casa que al principio me quedaba grande y luego se llenó de pasos pequeños, de meriendas improvisadas, de noches sin dormir y mañanas de café templado. La vida siguió su curso, con su mezcla de vértigo y rutina, de alegrías inesperadas y cansancios que también enseñan.
Y aun así, aunque nunca te lo dije, tú seguías ahí. No como una espina, sino como una brasa suave, de esas que no queman pero calientan cuando el invierno se alarga. Un enamoramiento fiel, sí, pero libre. Libre como éramos entonces, cuando creíamos que el mundo cabía en una mochila y que el futuro era un lugar sin paredes.
A veces, mientras preparaba la cena o ayudaba con los deberes, me venía tu risa, esa forma tuya de mirar como si siempre estuvieras a punto de decir algo importante. Y yo sonreía sola, sin que nadie lo notara. No era tristeza. Era… reconocimiento. La certeza de que hay personas que pasan una sola vez, pero dejan una luz que no se apaga.
No te busqué. No quise. Porque cuando se ama de verdad, se deja libre. Y yo te dejé ir sin cadenas, sin reproches, sin preguntas. Quizá por eso sigues vivo en este rincón mío que no estorba, que no pesa, que solo acompaña.
Hoy, escuchando esa canción que ya sabes cuál es, me ha dado por escribirte. No para recuperar nada, no para abrir heridas. Solo para decirte que exististe en mí de una forma hermosa. Y que eso, después de tantos años, sigue siendo suficiente.
Doblo la carta despacio. El papel cruje como si también él supiera que esto es un adiós suave, de esos que no duelen. Busco un sobre, uno cualquiera, sin nombre, sin dirección. No hace falta. Hay cartas que no quieren llegar a ninguna parte, solo quieren salir.
Escribo la fecha en la esquina: 20 de abril. Nada más.
Camino hasta el buzón de la esquina. La calle huele a noche tibia y a música que se escapa de alguna ventana. Levanto la tapa, dejo caer el sobre y escucho el golpe seco al fondo. Un sonido pequeño, pero definitivo.
Y al cerrar el buzón, siento algo extraño: ligereza. Como si por fin hubiera devuelto al mundo una historia que llevaba demasiado tiempo guardada.
No sé dónde irá esa carta. No importa. Lo importante es que ya no está en mis manos. Y que tú, de alguna manera, sigues siendo una luz que no reclama, que no exige, que simplemente acompaña.
Campirela_