Pinchar en la imagen os llevará a la convocatoria , muchas gracias.
Otro jueves consecutivos nuestra anfitriona Neogéminis, nos deja unas muy bonitas imágenes para que con ellas construyamos nuestras historias en cualquiera de los géneros, estilo libre ,eso si a ser posible, por favor no excedernos de las 350 palabras. Bueno, entre todas ellas me he decantado por esta joven a ver que nos cuenta… Gracias, feliz semana.
“Donde Apunta su Mirada”
La copa seguía intacta, como si nadie la hubiera tocado. Sin embargo, Vanesa llevaba más de veinte minutos sentada frente a ella, con el pulgar apoyado en sus labios y la mirada perdida hacia un punto que nadie más parecía ver.El camarero la observaba de reojo. No era la primera vez que la chica venía sola, pero esa noche había algo distinto. Su coleta, dejaba caer mechones que parecían temblar con cada respiración. No era nerviosismo. Era otra cosa. Algo más profundo.
Vanesa, no apartaba la vista del rincón oscuro del local. Allí, entre sombras, había visto a alguien. O eso creía. Una figura quieta, demasiado quieta, que desapareció en cuanto parpadeó. No sabía si había sido un reflejo, un juego de luces… o un aviso.
Horas antes, había recibido un mensaje anónimo “No vayas sola. Él te encontrará.”
No respondió. No sabía quién era “él”, ni por qué debía encontrarla. Pero la curiosidad —o quizá la imprudencia— la llevó a ese bar, el mismo donde había estado la noche del accidente.
El mismo donde lo vio por última vez.
Un escalofrío le recorrió la espalda. Giró la copa con los dedos, intentando mantener la calma. El líquido vibró, como si algo lo hubiera rozado. O alguien.
Entonces lo sintió, una presencia detrás de ella. No un toque, no un sonido. Solo esa sensación densa, fría, que te envuelve cuando alguien te observa demasiado cerca.
Vanesa bajó lentamente la mano de sus labios. No quería girarse. No quería confirmar lo que su instinto gritaba. Pero lo hizo.
Y no había nadie.
Solo el eco de un susurro que no provenía de ninguna boca visible.
—No debiste volver.
La copa se volcó sola. El camarero corrió hacia ella, pero Vanesa, ya no estaba en la silla.
Solo quedó su coleta, caída sobre el asiento, como si se hubiera desvanecido en el aire.
Campirela_