Si pincháis en la imagen, os llevará a la página de todos los participantes de la convocatoria de Artesanos de la Palabra.
Este jueves nuestras anfitrionas nos proponen un tema que seguro nos dejará grandes historias que leer. Se trata, como veis, en la imagen, detrás de unas rejas siempre hay algo que esconde, un misterio, un suceso, una locura de amor o, tal vez, la historia de algo mágico. Veamos de qué somos capaces de hacer.
La Reja que Respira
Ella siempre evitaba pasar por aquella reja. No por miedo, sino por algo peor, recuerdos Allí, años atrás, había visto algo que decidió no contar. Unos gritos, unas sombras, un crujido de metal… y luego silencio. Un silencio que se le quedó pegado a la piel.
Desde entonces, cada vez que pasaba, la reja parecía distinta. Primero fue el calor, el metal tibio, como si guardara un pulso ajeno. Luego, la vibración, un temblor leve, casi imperceptible, como un recuerdo que quiere abrirse paso. Ella fingía no sentirlo, pero la reja insistía.
Una noche, el aire estaba quieto, demasiado quieto. Ella se acercó, quizá por costumbre, quizá porque ya no podía evitarlo. Y entonces ocurrió: la reja respiró.
Un suspiro lento, profundo, que no venía de dentro… sino del propio metal. Como si los barrotes inhalaran el pasado y lo exhalaran sobre su nuca.
Ella retrocedió, pero no por miedo. Retrocedió porque entendió, el pasado siempre regresa.
La reja no quería asustarla. Quería devolverle algo.
Entre los barrotes, vio un brillo. Un objeto pequeño, metálico, que no debería estar allí. Lo reconoció al instante: era parte de lo que cayó al suelo aquel día, cuando ella vio lo que no debía ver.
La reja no respiraba por vida. Respiraba por memoria.
Y ahora que ella estaba frente a , la reja parecía decirle sin palabras:
“No fui yo quien guardó el secreto. Fuiste tú.”
Campirela_