Pinchar en la imagen os llevará a la convocatoria de este jueves; os dejo todas las claves sobre ella; no tiene desperdicio la presentación. Gracias.
Tema de la semana: El primer borrador
Hay documentos que nacieron para cambiar el mundo. Tratados, acuerdos, declaraciones, contratos, armisticios, leyes, convenios…
Pero antes de convertirse en documentos solemnes, antes de que alguien los firmara y antes incluso de que nadie pudiera imaginar su importancia, tuvieron que existir como una simple propuesta, porque algo tan importante no sale a la primera.
Y alguien tuvo que escribir Un primer borrador.
Esta semana os propongo que vosotros seáis ese escribano.
Pero que nadie salga huyendo: no hablo de crear algo formal, sino todo lo contrario. Ese documento que nació para cambiar el mundo, ya sea real o imaginario, en su germen primigenio pudo ser algo absurdo, disparatado, gracioso, loco, incluso sin sentido.
Podéis inspiraros en un documento que ya exista o inventar uno completamente nuevo. Podéis imaginar cómo nació, qué circunstancias insólitas llevaron a alguien a ponerlo por escrito, quién estuvo detrás de aquella primera idea o qué disparatada conversación acabó dando lugar a algo que, con el tiempo, terminaría siendo mucho más importante de lo que nadie esperaba.
- Inspiración libre: Podéis reescribir el origen cómico de un documento real —¿y si la Declaración de Independencia empezó como una queja por el precio del té?— o inventar uno completamente disparatado.
- El enfoque: Centraos en ese momento inicial: tachones vergonzosos, ideas absurdas descartadas a última hora, discusiones estúpidas entre sus protagonistas, malentendidos o la absoluta falta de seriedad con la que empezó algo que acabaría siendo trascendental.
- El tono: ¡Prioridad absoluta al humor, la ironía y el desparpajo!
- La rabieta fundacional: Un tratado de paz internacional que empieza a redactarse solo porque dos reyes no se ponen de acuerdo sobre quién invita a las cañas.
- El error de cálculo absurdo: Una ley revolucionaria que nació con una errata monumental.
- Las normas de convivencia de monstruos: El borrador del código de conducta de los villanos de cuento o de los dioses del Olimpo cuando les dio por inventar la humanidad «para pasar el rato».
- El contrato improvisado en una servilleta: La venta de un imperio, un pacto con el diablo o la fundación de una religión firmada en una taberna a las tres de la mañana, con un vaso de vino y pulso tembloroso.
Porque un primer borrador todavía puede ser cualquier cosa.
Incluso aquello que nadie habría imaginado que algún día acabaría haciendo historia.
Así que, si os apetece, coged una hoja, una servilleta, el reverso de una factura o lo que tengáis más a mano… y dejad que alguien cometa el primer disparate.
Quién sabe, quizá vuestro primer borrador termine convirtiéndose en la próxima gran historia de los Jueveros.
El borrador que cambió el mundo sin quererlo
El borrador nació en la peor mesa posible, una de formica verde, pegajosa, en la cafetería del Ministerio de Asuntos Importantes. Allí, entre migas de croissant y un charco de descafeinado con leche, el funcionario Anacleto P.C. redactó, sin intención alguna, el documento que salvaría a la humanidad.
Todo empezó porque Anacleto tenía hambre, sueño y una bronca monumental con la máquina de café, que le había escupido tres veces seguidas un “Error 404: Descafeinado no encontrado”. En un ataque de rabia burocrática, agarró una servilleta y escribió, con letra torcida:
“PROTOCOLO UNIVERSAL PARA EVITAR TONTERÍAS MONUMENTALES”
Debajo, añadió normas tan absurdas como:
“Nadie tomará decisiones importantes antes de desayunar.”
“Queda prohibido discutir sin haber bebido agua.”
“Si dos personas se enfadan, deberán intercambiar un objeto absurdo antes de seguir hablando.”
“Todo comité incluirá a alguien que diga ‘esto no tiene sentido’ cuando no lo tenga.”
Anacleto, satisfecho con su venganza contra el universo, dejó la servilleta sobre la mesa y se fue a buscar un cruasán.
Ahí empezó el desastre.
La servilleta fue recogida por una limpiadora que, creyendo que era un documento oficial, la entregó al despacho del ministro. El ministro, que llevaba tres días sin dormir, la leyó y pensó que era una propuesta revolucionaria del departamento de Innovación Humana. La firmó sin mirar.
En menos de 48 horas, el borrador circulaba por universidades, parlamentos, redes sociales y hasta por el Vaticano. La gente empezó a aplicarlo por curiosidad: desayunaban antes de discutir, bebían agua antes de opinar, intercambiaban calcetines limpios para rebajar tensiones.
Y funcionó.
Las reuniones internacionales se volvieron más amables. Las discusiones familiares bajaron de intensidad. Las redes sociales se llenaron de fotos de piedras bonitas y pegatinas intercambiadas como símbolo de paz improvisada.
Anacleto se enteró tarde. Muy tarde. Cuando vio su servilleta convertida en tratado global, solo pudo decir:
—Bueno… tampoco era tan mala idea.
El borrador del zapato
Una linda hada de un bosque encantado —cuya identidad sigue siendo motivo de debate entre expertos y gente aburrida— decidió dejar a la humanidad un mensaje para mejorar su convivencia. Pero como era despistada, escribió el borrador en un papel diminuto y lo metió dentro de un zapato de deporte que, por error, cayó de la copa de un árbol, en mitad de un entrenamiento de atletismo.
El documento decía:
Y así, gracias a un borrador extraviado en un zapato, el mundo se volvió un poquito más amable.
Me gustan los dos relatos. Con el tema común de una afortunada torpeza.
ResponderEliminarEl primero tiene valores que pueden usarse en oficinas, negocios, unversidades.
Luego del aparente absurdo, tienen mucho sentido.
La torpeza de las hadas tiene su encanto. Y esta ha sido afortunada.
Tal vez sea un hada del atletismo. Creo que hasta la imagino, de verde, con esa ropa que usan las atletas olimpicas, mientras tratan de romper records.
Besos.
Campi,que beleza as duas histórias... A primeira deu tão certo que até o próprio Anacleto se deu conta que havia feito algo bem legal ! Que bom se os xingamentos, fakes etc que vemos nas relações de trabalho, até na internet passassem por uma ideia assim...
ResponderEliminarNa segunda, imagino o quanto a humanidade ainda te que caminhar....
Beleza tua criatividade em ambas histórias! Gostei muito!
beijos, chica
Dos ocurrentes relatos donde los errores terminan teniendo buenas consecuencias. Me ha gustado sobre todo el primero.
ResponderEliminarBesos dulces, Campirela.