Pinchar en la imagen os llevará a la convocatoria de este jueves 10 de septiembre.
ALGUNAS REGLAS
— El relato debe partir de la premisa propuesta: «Algo que no debería existir» (objeto, idea o sentimiento).
— Extensión máxima: 350 palabras (más o menos).
— Prosa o poesía, a su elección.
— El género es libre.
— Pueden acompañar el relato con una imagen, si les apetece.
— Leer y comentar cada participación (muy importante).
La puerta que no debería existir
Barriendo mi habitación descubrí algo que no debería existir. No era un objeto, ni una sombra, ni un ruido extraño. Era una línea, apenas un trazo en el suelo, como si alguien hubiera dibujado un borde entre mi mundo y otro. Me incliné para tocarla y al hacerlo se abrió, silenciosa, como una boca que lleva siglos esperando.
No tuve tiempo de pensar. La habitación desapareció. El aire cambió de sabor. Y de pronto estaba allí, un mundo donde el cielo era rojo y la tierra blanca, tan blanca que parecía hecha de huesos pulidos por el viento.
No había humanos. No había cuerpos. Solo conciencias flotando en la atmósfera, como si el pensamiento fuera la forma natural de existir. No hablaban, pero me sentían. Y yo, sin saber cómo, las entendía.
Una de esas conciencias descendió hacia mí. No tenía rostro, pero transmitía una pregunta que no supe responder.
En lugar de palabras, me ofreció una piedra: pequeña, irregular, con un brillo que parecía latir.
La guardé en el bolsillo. Y en ese instante todo se derrumbó, el cielo rojo, la tierra blanca, las conciencias… como si alguien hubiera cerrado un libro de golpe.
Desperté en mi habitación, el suelo estaba intacto, la línea había desaparecido. La escoba seguía en mi mano.
Pensé que había sido un sueño, un presagio, una locura transitoria. Hasta que metí la mano en el bolsillo. "La piedra estaba allí"
—Fría
—Real
—Imposible
Desde entonces he buscado la puerta. He barrido el suelo mil veces, he mirado desde todos los ángulos, he esperado a que el aire cambie, a que la línea vuelva a dibujarse. Pero nada.
A veces creo que la puerta nunca existió. Y otras veces —las más peligrosas— pienso que la puerta no era hacia otro mundo, sino hacia otra versión de mí.
Una que aún no sé si quiero volver a encontrar.
Campirela_
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