Un relato entre tod@s.



Este es el resultado final, por mi ha quedado perfecto, gracias a todos por participar, gracias a Albada que ha ido poniendo enlaces entre relatos, gracias por hacerlo interactivo. Podéis llevároslo a vuestros espacios si os apetece. Gracias
Siempre sale temprano, le gusta madrugar.  Ayer se entretuvo demasiado en casa y salió acelerada, casi tropieza con ella, unas disculpas atribuladas y siguió su camino como siempre, como siempre no, esta vez el camino lo hizo con el recuerdo de su olor, un olor sin nombre, un olor que se mantuvo en su recuerdo durante todo el día, que la distrajo de sus tareas... Era un olor que pocas veces reparamos en uno de los aspectos más importantes de nuestra sexualidad y estuve pensando en ello todo el día. ¿Le habrían cortado el agua o fue todo tan rápido que no le dio tiempo a ducharse?  Ese aroma agridulce le recordaba a un dulce de membrillo que su abuela Lola cocinaba por el día de los difuntos. Como visitar cementerios le había parecido siempre una solemne necedad, tampoco ayer había ido a visitar la tumba de su abuela. Al mediodía, cansada de cobijar un rapto de culpa, decidió tomar el bus hasta el cementerio de Collserola. Inmenso como pocos, pero entre árboles y pinos, se acercó a la lápida, limpia y con flores frescas. Ante ella yacía un anciano. Un efluvio agridulce sobrevolaba el rincón del bosque Llamó al 112, pero los equipos médicos nada pudieron hacer para ayudar al tipo trajeado, ya difunto. Al moverle, de su mano cayó un anillo, gemelo del que lucía en su dedo anular. Le confiaron el anillo a ella, pensando que sería su nieta, y allí leyó Lola y Abel 1958. Nunca supo quién era Abel, porque su abuelo, Paco, era al único abuelo que llegó a conocer.
A esas horas de la mañana, ella era incapaz de afrontar ningún reto, aunque la propuesta de unirse a un cadáver exquisito siempre le había resultado divertida e interesante, salió la ambulancia y allí quedó nuevamente sola, aunque sola en apariencia, porque pronto se percató, con aquel sexto sentido que la caracterizaba, que una sombra estaba observándola tras una lápida lejana. Un escalofrío recorrió su espalda presintiendo una gélida sensación de angustia y soledad. ¡Cementerios!! Estaba claro que no tenía que estar allí, ahora se llevaría por compañía un anima en pena, o un alma que no puede marchar porque tiene algo que resolver, inmersa en la oscuridad, capaz de no ver la luz... ¡cómo ayudar a este pobre fantasma!  María, no dejaba de dar vueltas a ese anillo que cayó  de la mano del anciano, su cabeza daba vueltas hasta que en un acto reflejo se lo introdujo en su dedo anular...al instante un calor le subió por todo el antebrazo y sus ojos empezaron a girar, al mirarse en el espejo no vio reflejada su cara sino la de su abuela Lola, con veinte años, recién casada con Abel, un abdomen inequívocamente gestante, regresando un anillo a un joven, que bien mirado, podía ser el mismo anciano sobre el que acababan de hacer un levantamiento de cadáver. Tiempo tendría de mirar en qué fecha exacta del 58 había nacido su madre, porque siempre había sobreentendido que la relación entre los abuelos era muy fría, y tal vez ahora tendría la respuesta del nulo parecido entre su madre y su abuelo Paco.
El olor le perseguía
una sombra etérea
que su alma distinguía
no le importaba ser rea
por él, ese día
¡Lo echaba tanto de menos!
que consintió ser retenida
por ese olor con nombre.
Toda su jornada entretenida
sin condición, con pleitesía.
Hacia ese amado hedor
que hasta hoy desconocía...
Tras unos segundos de ensoñación, volvió a mirarse en el espejo y vio en él la cara de su bisabuela Constanza. En el salón de la casa de sus padres había un retrato de ella, aentía que había un vínculo estrecho entre ella, y esa sombra espesa que parecía estar adherida a su piel y a sus entrañas… De alguna manera, sabía que quería advertirla de algo, mostrarle un camino a través de ese olor intenso a azufre, y ese sabor a cobre en su paladar…
Necesitaba averiguar más, qué es lo que ese ente intentaba decirle, por lo que acudió a una espiritista, vieja amiga de la familia. Ni la bola de cristal, ni las mugrientas cartas del Tarot, ni el rosario de palabras sin sentido de la vieja mujer que olía a colonia barata y Anís del Mono, lograron aclarar el misterio.
Salió a la tenue luz del atardecer y respiró más relajada al constatar que el olor a azufre seguía envolviendo la ciudad. Luego, al día siguiente, la prensa notificó que una empresa química había sufrido un escape de un gas con un olor desagradable, pero entretanto, esa jornada quedaría tatuada en su mente como el día más hermético de su vida. Las cartas del Tarot habían hablado de un viejo amor, la bola de cristal de un hombre grandote en la lejanía, y la atmósfera a anís del Mono le había dejado revuelto el intestino y la mente con una niebla espesa, aparecida a la de algunos camposantos de Poe, oliendo a literatura.
Aquel fue el día más hermético de su vida, pero a partir del día siguiente, su vida empezó a ser un libro abierto para todos, y no acababa de comprender qué clase de locura le invadió que iba contando a todo el mundo cada suceso de su vida, incluida la marca de su sostén y el día que asesinó a la abuela Lola. ¿Sería el tufillo aquel el causante? En ese estado lamentable se encontraba, a punto de morderse la lengua, cuando tropezó con el enorme hombretón del que hablaba la bola parecía un King Kon, pero con gafas de culo de vaso... Le dijo, haciéndose el gracioso: ¿Señora, necesita que la salven?  "Necesito salvar mi alma", entonces recapacitó, el olor seguía flotando y al volver la cabeza lo que vieron sus pupilas era distinto, una figura larga, vestida de negro y con la cara tapada la seguía. Vieja conocida y de nombre Parca, alargada su mano atrayéndola hacia sí,  mi alma está endemoniada... se repetía una y otra vez sin dejar de mirarse al espejo, necesitaba esa mano que la inyectara de paz y la llevara a la salvación. Y ese fuerte olor seguía en el aire impregnando hasta su piel...
No era mi momento, estoy segura, por eso dejé que me tocara, dejé que me atrajera hasta ponerme frente a aquellas cuevas profundas como simas. La miré sin miedo, tampoco había reto en el gesto, simplemente la reconocí de otro tiempo porque no era la primera vez que se me acercaba. Algo quería esta vez... pero ¿el qué?
Se abrió el vacío de la boca y de su nada sonó un nombre que me era familiar... ¿qué quería de él?  Y la tocó esa mano huesuda produciéndola un escalofrío, quizá fuera su paso hacia ese lugar desconocido; pero frente a aquellas cuevas, pudo comprender que solo se trataba de una simple bruja decidida a hacer para ella unos ungüentos mágicos.
Al penetrar en esa cueva, le pudo ver, no era quien todo el mundo pensaba que era su amado, no. Era el verdadero amor, aquél que jamás había confesado. Él había vuelto después de tantos años, ya anciano, ya cansado de tanta ausencia.
Quería estar con los suyos, saber que a pesar de su estado, aún perduraba en la memoria de los que se habían quedado.
El olor persistía asociándolo a diversos hechos ¿Qué tipo de colonia era tan fresca y olor tan agradable? Tenía que conservar aquel olor tan penetrante e ir a su perfumería a comprarlo. Un olor a castañas asadas le hizo recordar que había llegado Noviembre, y ese olor la transportó a su infancia, en aquellos otros lejanos meses de Noviembre, donde se reunían todos en familia, para recordar a los que ya no estaban. Las ventana tenuemente iluminada por un candil hacia recordar que era la fiesta de Todos los Santos,  al regresar por la noche a casa, después de una dura jornada de trabajo, ese olor se le hizo más intenso cuando se acercó a decirle "hola" a su marido que se encontraba en la cocina preparando la cena;  Por fin podría respirar tranquila. Aquel olor nauseabundo de primera de hora del día que te también percibió, más tarde en casa de la espiritista, ahora se había convertido con gran sorpresa suya en un olor, que de le daba Unas ganas impensables de comer: Tortilla de patatas!!! La llegada de su marido la hizo volver a la vida cotidiana, y pensaba igualmente que la dejarían se perseguir aquellos sueños. Pero ocurrió que: Ese olor a leña ardiendo...a migas, a gachas recién hechas a cariños, a abrazos...
a...a hogar.
Ese olor de su abuela...la abuela María...
ese mismo olor...
¿cómo lo podía olvidar?

LAS GRACIAS A ESTER QUE FUE LA IMPULSORA DE ESTE INTERESANTE EXPERIMENTO .GRACIAS A TOD@S ..ABRAZOS.

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