Pinchar en la imagen y os llevará a la convocatoria, gracias
Cuando nadie me mira, mi mente se abre como una ventana en mitad de la noche.
Es entonces cuando dejo que entren mis sueños sin filtros, esos que guardo doblados entre las costuras del día.
Sueños que huelen a deseo, a piel imaginada, a viajes que solo existen cuando cierro los ojos y permito que mi cuerpo recuerde lo que nunca ocurrió… o quizá sí.
A veces, en ese silencio, pienso en ti.
En lo que podría haber sido en otra vida, donde tal vez yo sería esa fiera salvaje que no teme arder, o esa mujer soñadora a la que las alas no le pesan y puede volar sin pedir permiso.
Una vida donde mis pasos me llevarían directo hacia ti, sin dudas, sin relojes, sin miedo.
Pero también aparecen los que ya no están.
Sus nombres se deslizan por mi memoria como gotas de lluvia en un cristal, y lo que antes era fuego se vuelve melancolía.
Es extraño cómo un mismo pensamiento puede arder y doler al mismo tiempo.
Y otras veces —las más inesperadas— surge esa niña que aún vive en mí, la que se ríe a carcajadas mientras hace pequeñas travesuras que no confesaría en voz alta.
Esa parte juguetona que la madurez no ha conseguido domesticar del todo, y que aparece justo cuando el mundo cree que soy pura serenidad.
Cuando nadie me mira, soy todas mis versiones a la vez:
La que desea, la que recuerda, la que extraña, la que sueña con ayudar a los demás, la que se esconde, la que vuela.
Quizá por eso me gusta tanto ese instante secreto…
porque ahí, en ese espacio sin testigos, soy más yo que nunca.
Campirela_