Estás frases son para que nos ayuden en la inspiración para escribir esta semana, pueden usarlas o no, ustedes deciden:
La nostalgia es ese perfume invisible que dejan los años en el alma; nadie lo percibe, pero lo reconoce en cada recuerdo.
El tiempo te enseña a soltar las manos, pero no consigue que tu corazón aprenda a despedirse
A veces, la melancolía acaricia el alma con manos suaves y recuerda que vivir también consiste en aprender a echar de menos.
La nostalgia es una carta que el pasado le escribe al corazón cuando el presente se queda demasiado callado.
El tiempo pasa como la brisa entre los bambúes; solo el corazón sabe qué hojas cayeron y cuáles siguen temblando en su interior.
El tiempo se detuvo...
Ella volvió al jardín de bambú después de veinte años.
No porque lo hubiera planeado. El tren se equivocó de parada, o quizá fue ella la que se equivocó a propósito. Bajó en la estación donde ya no paraba nadie y caminó por el camino de tierra que todavía recordaban sus pies descalzos.
Y allí estaba él.
No tan alto como lo recordaba. Con más canas, con las mismas manos. Estaba arreglando la valla del viejo jardín de bambúes de su abuela, como si el tiempo no hubiera pasado.
— ¿Llegas tarde — le dijo él sin girarse.
Porque la reconoció por el sonido de sus pasos entre la hojarasca.
— El tiempo pasa como la brisa entre los bambúes — contestó ella, y se le quebró la voz al decir:
Solo el corazón sabe qué hojas cayeron y cuáles siguen temblando en su interior.
Él se giró entonces.Y el mundo se paró.
No se abrazaron. No hacía falta. Se miraron durante un minuto entero que les devolvió los veinte años que habían perdido por orgullo, por miedo, por irse cada uno a una punta del mundo a ver si se olvidaban.
— ¿Te fuiste? — preguntó ella.
— Nunca — dijo él.
Se sentaron en el banco de piedra que seguía allí, medio roto, cubierto de musgo. El viento empezó a soplar y los bambúes comenzaron a sonar, ese era el sonido que en sus tardes en la ciudad echaba de menos y tanto añoraba.
— Yo creí que te había olvidado — confesó ella, con las manos entrelazadas para que no le temblaran —. Me casé, tuve una vida, tuve otras manos...
— Yo también — la interrumpió él, sonriendo con tristeza —. Pero hay cosas que el almanaque no entiende.
La miró.
— Solo el corazón sabe qué hojas cayeron y cuáles siguen temblando en su interior, ¿verdad? 6
Ella asintió, con los ojos llenos de lágrimas que por fin no eran de pena.
Porque entendió en ese instante que las hojas que habían caído eran las discusiones, la distancia, los años, los otros besos, las cartas que nunca se enviaron.
Pero la hoja que seguía temblando, ahí dentro, verde, terca, viva... era él. Siempre había sido él.
Él le cogió la mano. No como antes, con prisa de jóvenes. Se la cogió despacio, como quien sabe que ya no tiene que correr a ningún lado.
— ¿Te quedas? — preguntó.
— Ya no sé irme — dijo ella.
Y la brisa volvió a pasar entre los bambúes, llevándose por fin las hojas secas.
Campirela _

Quei rapporti importanti, finiti per incomprensioni, ma che riprendono in un tempo lontano, cercando di cambiare l'ottica del pensiero.
ResponderEliminarBuona serata e un abbraccio, Campirela
El tiempo siempre es relativo, y hay un tiempo para cada cosa.
EliminarAl igual que momentos.
Un besote grande 😘
Parece un relato de otro tiempo indefinido...Don el amor fluye despacio en una cadencia infinita.
ResponderEliminarFelicidades
El Amor y sus variantes , el tiempo y el espacio, puede ser, que un poco de verdad lleven tus letras
EliminarMuchas gracias, un abrazo buscador
Qué bonito relato con un final precioso y romántico. El tiempo a veces es injusto, sobre todo cuando parecemos no tomar las decisiones acertadas, pero el mismo tiempo también ofrece segundas oportunidades. Seguimos viajando en el tren del tiempo.
ResponderEliminarBesos dulces, Campirela.
Hubo una separación pero finalmente se dio el reencuentro.
ResponderEliminarFue lo mejor aferrarse a ese pasado.
Besos.
Buenas tardes Campirela. Tu relato es precioso, cargado de nostalgia y emociones que sobreviven al paso de los años. Me ha conmovido esa idea de que podemos construir otras vidas, tomar caminos diferentes e intentar olvidar, pero hay sentimientos que permanecen intactos, escondidos en algún rincón del alma. A veces, el orgullo nos roba momentos que el tiempo ya no puede devolver, y solo cuando la vida nos brinda una segunda oportunidad comprendemos que ciertos amores nunca se marcharon del todo. Porque, como los bambúes que siguen meciéndose con la brisa, hay recuerdos que jamás dejan de temblar dentro de nosotros.
ResponderEliminarMaravillosa participación amiga mía.
La vida siempre sorprende.
Un fuerte abrazo
Que buen cuento, se lee con la suavidad del amor que retorna sin apuro, pero seguro de que va a encontrar la felicidad. Me encantó Campi.
ResponderEliminarmariarosa
Hola Campi, que maravilla esa imagen de las hojas que caen y las que continúan temblando en el interior. Quizá el tiempo no borre realmente lo que hemos vivido; simplemente va desprendiendo algunas cosas y dejando otras adheridas a nosotros, incluso cuando creíamos haberlas olvidado.
ResponderEliminar«Ya no sé irme» me parece el cierre perfecto para una historia que empezó precisamente con alguien que se fue. Un gran abrazo
Si digo que una despedida del pasado unos ayeres olvidados, unas hojas silenciosas, cambios que no cambiaron los sentires, si digo que esa tristeza ha servido para un encuentro hermoso, para una prosa poética que nos enamora a ellos y todos de nuevo la tenemos que dar por válida. Sin un ayer no habríamos disfrutado de este ahora. Un abrazo querida escritora
ResponderEliminarHola Campi, en la vida a veces setoman decisiones que con el tiempo nos arrempetimos de haberlas tomado, al menos en tu bonito relato la decision que tomaron con el tiempo ha terminado bien y muy romantica, precioso.
ResponderEliminarBesos.
Muy bonito Campirela. Esas frases llenan de pasión retenida, arman todo el relato. Felicades.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Me encanta la historia. Un beso
ResponderEliminarUna nostalgia que acaba en un presente feliz... ahora basta de añorar, ahora vivir.
ResponderEliminarSiempre precioso Campi.
Bss ;)
¡Qué bonito! Es un relato muy nostálgico y muy bien escrito. Mientras leía me iba imaginando la escena tan tierna. Me ha gustado mucho ese amor de otoño.
ResponderEliminarUn abrazo grande, Campirela
Hola, Campirela
ResponderEliminarMe gusta mucho el inicio y el final de tu relato. Felicidades.
Un beso con achuchón.
Te espero también por mi espacio, no saltan mis actualizaciones.
Ohh qué dulzura, qué ternura desprende este relato. Toda la nostalgia borrada de un plumazo, simplemente con volverse a mirar a los ojos.
ResponderEliminarQué belleza!
Me ha encantado Campi!!
Besitos
Campi, cheguei a me arrepiar, emocionada de tão linda história de amor... Ainda bem, após longos vinte anos, as folgas secas caíram e quem sabe , um novo broto renascia ali...ADOREI! beijos praianos, chica
ResponderEliminarHola Campirela, un relato muy tierno, romántico que emociona y llena de ilusión al leerlo, me gustó mucho y sobre todo que tuviese ese final feliz, que por fin pudieran dedicarse ese tiempo para ellos.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
PATRICIA F.